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Cali, una vitrina para el arte

Martes 02 de Junio - 2:06 pm

Por allá, a finales de 2006, cuando el boom comercial en el tradicional barrio Granada invadía sus fachadas y andenes con opulentos maniquíes y música estridente de bares y restaurantes, una  vitrina impecablemente blanca fue construida para exhibir en ella no ropa ni carteras ni zapatos de lujo, sino obras de arte que, curioso, no estaban en venta. La primera artista invitada fue la quindiana María Teresa Hincapié, quien ya para entonces era reconocida por sus performances en los que ponía de manifiesto la relación entre las personas, sus acciones y los objetos cotidianos. En esa ocasión desplegó dentro de un cubo de 3.5 metros cuadrados con vista a la calle su obra que, coincidencialmente, llevaba el mismo nombre del espacio: Vitrina. 

La sorpresa para muchos fue mayúscula. ¿Qué hacía esa señora barriendo, maquillándose, peinándose a la vista de todos? Es muy probable que quienes entonces curioseaban no tuvieran idea que estaban presenciando una obra de arte contemporáneo. Pronto se supo que detrás de esa vitrina estaba el artista Óscar Muñoz quien, con la idea de fortalecer la escena artística caleña, decidió abrir un año antes Lugar a Dudas, un centro de investigación y reflexión dedicado al arte contemporáneo. Hoy, diez años después, a través de ese  ventanal se han exhibido centenares de obras de artistas locales, nacionales e internacionales quienes la han aprovechado para mostrar sus procesos de creación. 

La Vitrina, sin embargo, es apenas la punta visible del ‘iceberg’ en el que, a la vuelta de diez años, se ha convertido Lugar a Dudas. Porque, como muchos artistas y curadores insisten, su gran aporte es que no ha trabajado en un solo frente del arte contemporáneo sino que ha apuntado a múltiples campos. Es así como junto a La Vitrina se encuentran el centro de documentación, las residencias, el cine foro y las becas Bloc, sus programas bandera. El primero, el centro de documentación, es uno de sus principales atractivos. Originalmente ubicado en la parte trasera de la casa de Granada, pronto pasó a ocupar el espacio destinado a las exposiciones. “Los primeros libros que pusimos a disposición fueron los que Oscar tenía en casa como parte de su colección personal, pero fue tal la acogida de los estudiantes que decidimos traerla para la parte de adelante donde estaba dispuesto el espacio expositivo y ampliamos las mesas”, cuenta Sally Mizrachi, coordinadora general de Lugar a Dudas.

Hoy la colección está compuesta por 4 mil volúmenes que incluyen  catálogos de artistas nacionales e internacionales, y de exposiciones inpiduales y colectivas, de ensayos sobre arte contemporáneo e investigaciones, así como de crítica. Tienen, incluso, dos donaciones importantes: una colección sobre cine donada por Ramiro Arbeláez, una autoridad en el tema audiovisual en Cali; y la colección sobre arte del crítico Carlos Jiménez, quien la prestó en comodato para que sea de libre consulta. Por lo general, las publicaciones que allí se encuentran   son difíciles de conseguir, pero más allá de eso, lo interesante es que obedecen a un criterio de selección orientado hacia la reflexión del arte contemporáneo. 

Uno de los programas que mayor resonancia internacional le ha dado a Lugar a Dudas es el de las residencias, a través del cual llegan artistas o curadores para desarrollar un proyecto en un periodo de mínimo cinco semanas. La regla general, sin embargo, es que todos  quieren quedarse un poco más. Es el caso del artista italo holandés Alberto de Michele, quien llegó a Cali en 2011 para realizar una residencia y hoy pasa mitad del año en la ciudad y la otra en Holanda. “Yo supe de Lugar a Dudas en 2010 mientras hacía una curaduría en Londres. Coincidencialmente dos artistas, en distintos momentos, me hablaron de Lugar a Dudas: el chileno Gerardo Mosquera y la cubana Tania Bruguera. Así que pensé que si ambos me estaban recomendando este sitio era porque aquí estaban pasando cosas”, recuerda A Cali llegó a desarrollar un trabajo sobre un sicario vallecaucano que había conocido en Aruba, el cual tituló ‘Quien lo vive quien lo goza’. “El sicario regresó a esconderse en Roldanillo y hasta allá iba yo para desarrollar mi idea artística. Finalmente Cali me atrapó tanto que decidí pasar medio tiempo aquí y ya estoy desarrollando la segunda parte de la obra que se llama ‘El segundo viaje”- Cuando le preguntan qué lo hizo venir acá teniendo la posibilidad de tener acceso a más arte contemporáneo en Europa, tiene una respuesta clara “en Cali nunca sabes qué va a pasar. Esa incertidumbre es un  insumo refrescante para uno como artista, mientras que en Europa, donde la posibilidades de que las cosas cambien en remota, simplemente te aburres”.En eso está de acuerdo la artista costeña María Isabel Rueda, quien realizó una residencia en 2007, en la primera convocatoria abierta que hubo ese año. “Era  un espacio muy original, no existía algo así en ese momento en el país, así que me interesó muchísimo participar y fui seleccionada con el proyecto  ‘New Pollution’”, recuerda.  “Al estar en Cali me sorprendí de ver que sí era posible desplazar el centro de interés a otro lugar que no fuera Bogotá, que era donde ocurría prácticamente todo. Lugar a Dudas ubicó a Cali como foco de interés, y ahí empezaron a ocurrir cosas...”, dice. Esa experiencia en particular fue inspiradora  para Rueda, quien a partir de allí creó su propio espacio de experimentación artística, ‘La Usurpadora’, ubicado en Puerto Colombia, Atlántico, alejado de los centros tradicionales de producción de arte en el país. Lugar a Dudas, en efecto, se ha convertido en un referente de arte independiente en el país y fuera de él. Pero llegar allí no fue fácil. Sally Mizrachi, recuerda cómo fueron de gratificantes, pero igualmente duros, esos primeros años. “Construir el espacio, darnos a conocer fue un proceso lento y difícil. Nadie entendía muy bien qué era lo que hacíamos. Fue más fácil obtener el respaldo internacional antes de que localmente creyeran en nosotros”, dice. De hecho, el primer respaldo vino de la Casa Daros, de Suiza. ;No obstante, Sally cree que el esfuerzo bien ha valido la pena. Sobre todo porque hoy, diez años después, se sienten interlocutores reconocidos en la escena artística local, no para su beneficio, sino para gestionar proyectos artísticos que beneficien a la ciudad. “Unirnos a otras instituciones como La Tertulia y Proartes para las Becas Bloc, en donde desde hace cinco años les damos una bolsa de dinero a los artistas seleccionados para que desarrollen sus proyectos, fue un paso importante  en una ciudad en la que  los estímulos eran mínimos, casi inexistentes. Hoy podemos dar otra buena noticia: logramos gestionar diez becas que dará la Secretaría de Cultura para creación, circulación y publicación. Fue un objetivo que nos planteamos en nuestros inicios, y que por fin estamos celebrando.

POR: Redacción de Gaceta, Disponible en: http://www.elpais.com.co/elpais/cultura/noticias/cali-vitrina-para-arte.